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AM Newspaper

En el trazo de Olivie Ponce no hay desperdicio cada curvatura o yuxtaposición del esmalte directo al lienzo, atiende una consecuencia previa de condensar la realidad –particularmente de la metrópoli- a su máxima expresión con el mínimo de elementos. 
Nacido en el D.F. aun que criado en Celaya, Ponce a sus 30 años de edad, se constituye como uno de los nuevos valores de la plástica guanajuatense.
“No pienso tanto en los colores mi obra va en cuanto al balance que voy descubriendo en ese momento. En general tengo la idea, qué es lo que quiero en una pintura, pero no se de antemano los colores, eso va surgiendo, creo que eso va fluyendo de mí (…)
“Lo que podría decir mi obra es algo caótico: un mundo caótico, una sensación caótica, algo de cotidianeidad, cosas muy simples pero que encierran –así lo considero yo- cosas repetitivas (…)básicamente de cualquier situación que tenga que ver con la urbanidad o que sea un complemento de masas o un trancito de algo”, dice Ponce sobre su intención de desnudar la ciudad. 
De su obra Salvador Covarrubias Alcocer (director de la Escuela de Artes en la Universidad de Guanajuato) ha dicho: “ Olivie logra el milagro de eliminar la oposición, entre imaginación y razón, entre creatividad artística y pensamiento científico, cumpliendo así con su destino, el de un hombre de su tiempo, que es también un artista, que va hallando un camino, que por su esfuerzo, otros podemos transitar gozando y sufriendo una nueva realidad, lo cotidiano, aquello que no damos importancia, pero que nos condiciona, nos influye i va marcando nuestra vida”. 
Otros más, como el escritor y editor Edgar Reza, le confiere un estatuto de demiurgo de soledades e imágenes deshabitadas.
“A mi ver el monologo de Olivie Ponce es una critica radical de la plástica Mexicana –tan urgida siempre de un documento social verificable-. Huye de todo mimetismo, no intenta englobar jirones de la realidad y deseo, si no suspender y vanificar  la mirad, mostrando la imposibilidad, la ceguera, la vulgaridad de una visión cotidiana y de un espíritu que se presumen cada vez como positivos y se dispongan al dominio del hombre y el mundo” del hombre y el mundo” dice Reza a propósito de la obra de Ponce. 
El trabajo plástico de Ponce, dos veces becado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, comienza a tener reconocimiento.

 
 

 

Le Petit Journal

“El Petit Journal” revista de arte desarrollada en la ciudad de San Miguel de Allende, Guanajuato, México. Entrevista a Olivié Ponce haciendo una introspectiva de su trabajo plástico del 2002. Entrevista realizada por Daniel Sirdey, Cineasta Frances.
-Daniel Sirdey. El mundo urbano para muchos de nosotros seria una musa bastante austera, sin embargo es tu fuente de inspiración, ¿a que se debe?.
Olivie Ponce. Ciertamente una experiencia urbana atrapa sentimientos asociados hacia un declive laboral o rutinario sin embargo, sin embargo utilicemos este pretexto de rutina para ocupar nuestra vista y sentimientos al termino de ese día tan estresante. Darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor, entender que el paisaje urbano suele ser mas tradicional que el del campo tradicional. El hecho no es solo observar caras cansadas, risas, soledad o entender la grosería que sale del personaje dentro de un automóvil, sino asimilar lo que ha creado el hombre para su existencia; miles de obras de arte se encuentran interactuando en esta atmósfera caótica y peculiar. Todo es concluyentemente estético, bello, pero también a su vez horrible.
Por otra parte influye de gran manera tu infancia, y para mi tuvo mucho impacto una ciudad como el D.F. donde desde niño albergué un sentimiento que ahora traduzco en piezas de arte, a pesar de que ahora ya no habito en esa ciudad. De alguna manera inconciente, lo que intento es que el observador conozca este sentimiento, y, si ya lo conoce, que lo alimente con mi obra.
-D.S. has estudiado también fotografía y diseño grafico ¿Qué te han aportado estas técnicas en tu oficio de pintor?
O.P. siempre me ha gustado involucrarme con las artes. La pintura es una de las cosas de las que mas me ocupo, pero en este momento se ha creado un complemento muy importante con la fotografía en cuanto a la observación e interpretación de mi alrededor y de alguna manera encuentro soluciones distintas para mi pintura. Lo curioso es que cuando tomo conciencia de este echo estoy haciendo obra en diferente técnica a la par, caso que no me desagrada, porque la fotografía en cuanto revelado e impresión dentro del laboratorio, puede ser lo mas rígido o libre que desees.
En cuanto a la multimedia, es una de las expresiones en las que quiero ampliar mi conocimiento ya que es otra cara del arte que esta brindando todo un panorama ilimitado para incursionar.
-D.S. Utilizas esencialmente el esmalte, ¿Por qué esta técnica?
O.P. En este sentido puedo decir que el esmalte me utiliza, ya que antes de dedicarme profesionalmente a las artes, la pintura esmalte era solo una herramienta para mi trabajo de rotulista en mis tiempos de preparatoria. Ahora se ha convertido en una pintura que le encuentro esa delicadeza y flexibilidad que ha hecho que siempre recurra a ella, aunque haya tratado con otros medios.
-D.S. ¿Te consideras como un paisajista urbano que explora la ciudad?
O.P. La ciudad grande o pequeña conserva una magia y una igualdad en cuanto a su vivencia, siempre tiene el mismo torrente sanguíneo, digamos que todas las ciudades tienen el mismo tipo de sangre, a mi manera todas tienen un O positivo. Algunas completan sus siete litros, otras tal vez tengan sólo dos. Quero decir que lo que me gusta recibir de las ciudades es esa magia, blanca o negra, y poder transmitirlo al espectador ya sea como paisaje o solo como elementos que se le parecen.-D.S. Veo un paralelo en tu trabajo con el de la artista portuguesa Viera de Silva, para quien la ciudad ha sido también una constante fuente de inspiración y que trataba de reconstruir el espacio en función de lo imaginario ¿Tienes también ese mismo propósito?
O.P. Para mi lo imaginario siempre debe de existir en cualquier pieza artística, y en mi caso puedo decir que utilizo el espacio en función del sentimiento. El espacio a mi manera de ver, es un lugar donde tomas lo que quieres y lo que no, lo transformas, es como un día de compras en el supermercado: tú ya sabes tu dieta, pero cuando quieres tratar con algo mas, corres el riesgo de que no te funcione, pero siempre tienes la opción de combinarlo para que te sepa más sabroso.
-D.S. En una de tus series el color blanco invade tus lienzos ¿buscas convertir el espacio urbano en algo inmaterial, o es solo un intento para borrarlo?
O.P. Realmente siempre estoy en un sube y baja; cuando menos lo espero soy lo más barroco posible. Tengo la necesidad de explicar el mayor detalle permitido, hacer de mi sentimiento algo visible en el lienzo. Otras veces el sentimiento tiene que llegar a mis entrañas en cuanto “veo” mi obra terminada, no cuando la “observo”. Todo esto tiene en cierta forma influencias de algunas corrientes de las que me encuentro atraído. Mis lienzos dominados por el blanco son un reflejo de interpretación provocado por el minimalismo, y un proceso de exploración y capacidad para sintetizar mi percepción.
-D.S. El poeta Bernard Noel dice que pintar es dar al lienzo lo que el lienzo pide ¿Estas de acuerdo con eso?
O.P. Comparto el pensamiento, aunque particularmente, solo utilizas al lienzo como una segunda persona que te cuestiona silenciosamente, es quien critica tus decisiones quien te pregunta si es bueno o malo y siempre con quien quieres quedar bien y cuando terminas con ella, siempre te echara en cara tu decisión.

 
 

 

 

Colmena Universitaria

-Colmena Universitaria es una publicación de la Dirección General de Extensión de la Universidad de Guanajuato. Esta edición es del año 31/numero 84/ 2005.
Esta edición esta ilustrada por el artista plástico Olivié Ponce, para quien a su vez el escritor Edgar Reza habla de su obra…

El arte no es real, o no real, sino arte.
LA OBRA PLÁSTICA DE OLIVIE PONCE Si algo define la obra del artista mexicano Olivie Ponce (Ciudad de México, 1975) es su extraordinario aislamiento, la impasibilidad que la aleja de toda condescendencia ideológica, y el rigor tradicional con que, desmantelado el discurso visual, rechaza cualquier contradiscurso, contramito, contramodelo. No hay pues residuo personal alguno como tampoco tiene que ver con el desasosiego desalmado de las vanguardias de los últimos años, con las diversas pretensiones contemporáneas de ofrecer, aún disimuladamente, un mensaje capaz de imponerse en el escenario del mundo.
Ajeno a un proyecto militante en el arte, no hay promoción ideológica ni comercial en su pintura. El hecho mismo de despojarse de cualquier paisaje o escenario por nosotros reconocible, vale en él como rechazo de depósito personal y biológico que comporta a la vez una mirada espontánea y meramente visual y no otra cosa. Su obra parece seguir el ininterrumpido camino de una mirada central que repetidamente recorre las huellas de algunos datos sin relieve de su pasado-presente donde naufraga una óptica plana pero a la vez bloqueda —que produce en quien ve la sensación de un error, un error visual propio—, suspendida en un vagabundeo que lo lleva de vuelta, en cada obra, a un mismo punto de partida.
La suya es pues una inmovilidad que nos proyecta siempre lejos.
A mi ver, el monólogo de Olivie Ponce es una crítica radical de la plástica mexicana —tan urgida siempre de un documento social verificable—. Huye de todo mimetismo, no intenta englobar jirones de realidad y de deseo, sino suspender y vanificar la mirada, mostrando la imposibilidad, la ceguera, la vulgaridad de una visión cotidiana y de un espíritu que se presuman cada vez como positivos y se dispongan al dominio del hombre y del mundo.
Ojo central que acumula imágenes para después hacerlas trizas con la intervención de posibilidades visuales opuestas, como verá el espectador, se superponen aquí otras visiones lejanas, que corren simultáneamente el riesgo de identificarse con ese mismo ojo central o con nuestros propios recuerdos. La imagen es siempre aquí divisible en su caso, se abre y cierra al mismo tiempo, esta dentro y fuera del tiempo, gira incesantemente en torno a una imposibilidad que la destruye y la construye, porque éste es quizá el único modo de ir más allá del cerco del sujeto y la imagen. Pero ese viaje inmóvil, monótono y repetitivo no tiene ninguna meta. Hay aquí una suerte de comicidad impasible y despiadada que contesta desde adentro cualquier interpretación liberatoria. Cables, postes, bloques, cuerpos, los objetos no son sino residuos de una realidad cada vez más devastada del mundo que conocemos a través de la imagen.
Se trata pues de un negativismo integralmente histórico cuanto más aparece rigurosamente contra la historia: revela la increíble coincidencia entre la apertura hacia un más allá de la imagen y el registro de la insoportabilidad de la vida —con sus recuerdos y escenas— y del discurso en una sociedad de consumo y capitalismo salvaje. Hay pues en esta obra un punto de Indifferenz, la desaparición de toda diferencia entre dominio absoluto, pesadilla de nuestros propios recuerdos así como condición mesiánica donde todo estaría en su lugar exacto: no las cosas como son sino como debieran ser algún día. Dicho así, si así coincide la salvación con la ruina, ambas chocan incesantemente produciendo ulteriores cadenas de negociaciones como sucede en la vida. La grandeza pues de Olivie Ponce —si es que aún se puede hablar de grandeza en cualquier estadio del conocimiento humano— se sitúa en ese punto, en la verificación de la insostenibilidad, de la insoportabilidad histórica —tanto más insoportable como más debe ser buscada en el fondo de nuestras propias sociedades, nuestros propios recuerdos, nuestras propias pesadillas—. Su obra dice que sin la denuncia de esta insoportabilidad, la imagen a la que estamos acostumbrados a ver, se convierte en enceguecimiento, gratificación consoladora, charlatanería intelectual, escepticismo grosero.

Edgar Reza